viernes, 18 de noviembre de 2011

Lecturas recomendadas


MATEMÁTICA DE LOS GRAFOS
Los grafos del deseo en Subversión del sujeto y el Seminario
por Carlos Faig
                                                                       
II CLASE. TRANSITIVISMO Y CONCURRENCIA
Habíamos llegado hasta el abordaje que hace Lacan del piso inferior del grafo y nos detuvimos en la retoma que se produce allí de la Fenomenología de Hegel.

Hoy voy a ocuparme nuevamente del piso inferior pero en otro sentido. La clase anterior había mencionado que la importancia de este piso en la clínica lleva al tema de la sugestión. En lo esencial, la sugestión se reduce al sentido. Incluso podríamos arriesgar que la sugestión es paralela al efecto de sentido. En la clínica psicoanalítica la sugestión aparece, de modo correlativo a aquel efecto y cuando la interpretación se encamina en esa vía. Es el caso más común que la práctica analítica alimente al síntoma; generalmente promueve nuevos sentidos a los síntomas del sujeto, un lugar desde el cual nombrarse o nombrar su enfermedad. La sugestión es verdaderamente una nave. Al viaje propio y, en ese sentido, ineliminable del análisis, llamésmole: la nave del análisis. Pero el psicoanálisis no es una ciencia de la significación, como se creyó en cierta época, sosteniendo la idea en ciertos textos de Lacan, su filiación pretendidamente estructuralista, su vinculación y su amistad con Jakobson y Lévi-Strauss. Si el psicoanálisis no resuelve el terreno de la significación en general, del sentido (sin hacer mayor diferencia en este caso), si no lo reduce, no puede distinguírselo de la psicoterapia.

Voy a tomar algunos ejemplos que mencioné en un artículo de hace unos años. Un paciente en análisis freudiano comenzó a soñar repetidamente con la comida totémica. De más está decir que tanto el paciente como el analista estaban muy satisfechos con esos sueños. En otro análisis, conducido por una analista kleiniana, los sueños presentaban una muy abundante cantidad de símbolos. Aparecían símbolos de genitales femeninos, del pecho, así como también túneles y objetos muy próximos a algunas descripciones de Melanie Klein: heces explosivas y cosas de ese estilo. Por último, un paciente en análisis lacaniano soñaba con imágenes del cuerpo fragmentado, con ectopias corporales al estilo del Bosco, como hubiera agradado a Lacan.

El poder de sugestión en el análisis penetra hasta el nivel onírico. Los sueños, esos sueños, reciben sobre sí el mensaje invertido del analista en juego en cada uno de ellos. No porque el paciente quiera agradar a su analista, dimensión que sin duda está también presente, sino por la estructura de la significación: el sueño vale en razón del punto a partir del cual recibe su significación. Esta es, precisamente, la nave del análisis.

Releyendo un texto de Roger Callois encontré otro ejemplo sobre la sugestión en los sueños. Callois escribe: “Una mujer fue a ver al rabí Eliezer y le dijo: “He visto en sueños que el granero de mi casa se abría por una rajadura”. Él le contestó: “Concebirás un hijo”. Ella partió y eso fue lo que sucedió. De nuevo soñó ese mismo sueño y lo contó al rabí Eliezer quien le dio la misma interpretación, y eso fue lo que sucedió. Ella soñó el mismo sueño por tercera vez y buscó al rabí Eliezer. Al no encontrarlo, dijo a sus discípulos: “He visto en sueños que el granero de mi casa se abría por una rajadura”. Ellos le contestaron: “Enterrarás a tu marido”. Y eso fue lo que sucedió. El rabí Eliezer, sorprendido por los llantos, se informó de lo que andaba mal. Sus discípulos le contaron lo que había pasado. Exclamó: “¡Desdichados! ¡Han matado a ese hombre! Acaso no está escrito: Como nos lo explicó, así fue”. El sueño −como dice Callois en ese mismo texto− sigue a la boca que lo interpreta.

Lacan desdobla la forma primera del grafo para salir del terreno de la sugestión. El piso superior, entre S◊D y S(A), entre la pulsión y el significante de la falta del Otro, es una suerte de significación gráfica que recalca la superposición de las líneas por segunda vez, simbolizando que el deseo se produce en el más allá de la demanda. El ché vuoi? de Cazotte, que constituye el tercer grafo, permite pasar al último estado de la construcción al plantear el problema del sujeto en dependencia de su querer. La pregunta de Cazotte es también una sigla del sujeto, una S que se ubica sobre el lugar del Otro, como si éste fuera el punto del signo interrogación. En el piso inferior el deseo del sujeto, su querer, no podría tener solución: es tanto su “deseo” como el “deseo” del Otro. Nada le garantiza allí que lo que pide sea verdaderamente pedido por él. Mientras se mantenga la significación de la demanda el transitivismo no desaparece. La significación se desliza sin poder detenerse en el sujeto o en el Otro. El problema es entonces cómo se sale de la significación o, lo que es lo mismo, ¿cómo la interpretación puede tener alcance sobre el deseo? ¿Cómo producir el deseo más allá de la sugestión?

Veamos el problema desde otro ángulo. Si el niño depende en primer lugar de la significación materna, aprenderá, como dice Melanie Klein, que la madre contiene el falo, es decir, será remitido a la instancia paterna (cf. la crítica de Lacan a la adhesión de Jones al kleinismo, en Écrits, p.e., p. 688). Pero nada nos dice que no sea el padre quien, en segunda instancia, signifique al hijo. Y no es lo importante aquí que se trate de ese tipo de padre materno, o de una pareja combinada incluso. Lo importante es que en tal caso no saldríamos, en modo alguno, de la estructura de la significación. Pasaríamos, simplemente, de un Otro a otro Otro, si se quiere más potente o, aun, más eficaz, lo que es todavía peor. Es en este lugar y respecto de este
problema que en la complicada mitología freudiana toma su estatuto el mito del Padre Muerto. Por esto, y como Jones lo ha consignado en su biografía −aunque obviamente no por esta razón−, Freud consideraba a Tótem y tabú su obra principal.

Es necesario que aquel que está destinado, por cualquier razón que sea, a ocupar ese lugar lo haga al precio de su desaparición6. Lo esencial del complejo de Edipo, en cierta forma, se halla en esa cuestión: en la caída de la dimensión del Otro (desde otra perspectiva: el destino de resto que toma el héroe en la tragedia). De ahí que el mito de Edipo aparezca como normativo respecto del deseo. Pero en otro sentido, como decía Lacan, el Edipo no es más que el cuadro con el que los analistas reglan el juego.

Edipo pone en juego el destino del héroe en la tragedia, el resto, el resultado de la operación analítica bajo la especie del (a). Se ve así que el Edipo no hace más que recubrir la castración, la caída del Otro en el objeto (a). En Subversión, por ejemplo, leemos: “Pero lo que no es un mito, y que Freud ha formulado sin embargo tan pronto como el Edipo, es el complejo de castración” (E, p. 820). Hay otras observaciones de Lacan, en este mismo texto, en la misma línea: “Se haría mal en creer que el mito freudiano del Edipo termine con la teología. Pues no basta agitar el guiñol de la rivalidad sexual. Convendría más bien leer lo que en sus coordenadas Freud impone a nuestra reflexión: pues vuelven a la cuestión de dónde él mismo ha partido: ¿qué es un padre? (E, p. 812). Y, más adelante, para terminar con esta serie de citas (a las que se podrían agregar aun otras referidas a la castración, al Padre Muerto, etc.): “Ya es mucho que tengamos que ubicar aquí, en el mito freudiano, al Padre Muerto. Pero un mito no se basta sin soportarse por algún rito, y el psicoanálisis no es el rito de Edipo, observación a desarrollar más tarde” (E, p. 818). Para decirlo con otros términos, hay un éxito de descubrimiento en la empresa freudiana. Este éxito gira en torno al descubrimiento del complejo de castración. Digo “éxito de descubrimiento” en el sentido en que se habla de él en la fonología (me refiero a los resultados que se obtienen después de Saussure: el fonema como objeto formal separado de la fonética), o incluso en el sentido de la tablas de Mendeleev que permiten, una vez producidas, deducir la existencia de elementos desconocidos empíricamente. El éxito, en el campo del psicoanálisis, consiste en descubrir el complejo de castración, y su relación con la subjetividad.

Este desarrollo sobre el Edipo y los fragmentos que cité no tienen más función que la de procurar un apólogo al piso superior del grafo. Me permití tomar el complejo de Edipo como apólogo −ya que tiene relación con la danza de faltas en que se constituye el deseo− de la falta del Otro. El grafo, pues, en su forma desarrollada, introduce la falta del Otro, y esa falta no es a entender únicamente, como se cree erróneamente, como la falta del Otro −al Otro le faltaría, por ejemplo, el significante que lo designe para sí mismo; o bien, el Otro se constituye en razón de un significante faltante−, se trata también, y es lo esencial, de la falta del Otro, de que no hay Otro, en el sentido del genitivo por donde es el Otro mismo quien desaparece. Solo esta operación permite que se halle una salida al problema que introducía la significación, permite la articulación del deseo (aun cuando queda por explicar todavía que la condición de articulación del deseo es que sea inarticulable dado que está articulado en un nivel que no le es propio, la demanda, cf. E, p. 804).
Lacan sostiene explícitamente en el texto que el Otro falta. No es una fórmula extraña a Lacan, pero es raro encontrarla tempranamente. No sorprende hallarla en el seminario XIV; puede sorprender encontrarla en Subversión. Respecto de esto voy a citar dos párrafos: “(El goce) la experiencia prueba que me está ordinariamente prohibido, y esto no únicamente, como lo creerían los imbéciles, por un mal arreglo de la sociedad, sino diría yo por la falta (faute) del Otro si existiera: al no existir el Otro, no me queda más que tomar la falta sobre Je, es decir creer en aquello a lo que la experiencia nos conduce a todos, y a Freud en primer lugar: al pecado original” (E, p. 820, el subrayado es mío). Y hacia el final del escrito: “(...) por qué razón sacrificaría su diferencia (todo pero no eso) al goce de un Otro que, no lo olvidemos, no existe” (E, p. 826, el subrayado es mío).

Ver todo el texto en el blog el psicoanalista lector de Pablo Peusner  

miércoles, 16 de noviembre de 2011

El diván virtual


                                                          ¿Qué nos enseña Steve Jobs?

Por un discurso muy conocido sabemos algunos aspectos de su vida, uno de ellos, que fue regalado por su madre a sus padres adoptivos con una condición, que fuera a la universidad. Algo que no sucedió, aparentemente en ese tiempo por razones económicas, que él interpretó más tarde como la forma de seguir su propio camino.

Enseña así que en la condición humana no hay nada escrito y que si bien es cierto que lo sucedido en el pasado determina nuestro presente, es falso creer que hay fórmulas que permiten la generalización, según las cuales, un suceso que afecta a uno de determinada manera, es igual para todos. Una creencia que determina diagnósticos y tratamientos errados, también saberes que se sostienen, que si no estuvieran, no se sufriría por eso.

Hizo evidente que ser o no un hijo deseado está relacionado con lo que puede ser de alguien en el futuro, pero no a la manera que lo entendemos, evidente en la pregunta que figura en las historias clínicas donde se consignan los datos del que llega a consulta psicológica por algún síntoma. ¿Fue un hijo deseado? A lo que siempre se da una respuesta, vaya a saber qué tan cierta, que algunos responden negativamente cifrando allí el dolor de su existencia. Así como antes se sufría por ser hijo natural, ahora en los anaqueles del olvido, que en su momento alguien resolvió con un chiste diciendo: menos mal no soy artificial.

Entendible, si somos menos románticos y más realistas, porque viendo cómo se mueve el mundo, la proliferación de sus habitantes y los dramas del amor y la sexualidad, ¿no es más lógico pensar que los deseados, aún no sean regalados o abandonados, son más bien pocos?

Steve Jobs nos enseñó que vivir implica perder, que es parte del desvío de los caminos que recorremos, virajes que las situaciones nos imponen, crisis a las que cuando se responde con entereza y no con autocompasión, mucho se puede alcanzar. Al parecer no era sólo un genio de las computadoras, también de la vida, para lograr entender que en ella creemos saber para donde vamos, una ficción que a cada paso se nos desbarata, además, porque no tenemos brújula.

Sabía que podía inventar muchas cosas pero no ese cuadrante, lo que sí tenía claro era que lo único que nos puede guiar es la certeza de la muerte, la única brújula que nos puede acompañar para aprovechar ese momento que es la vida, porque independiente del deseo de quien nos la dio, ya es un regalo.

También por él podemos concluir que no se enseña con cátedras, consejos o peroratas, que se hace con la propia vida y no precisamente porque quisiera dar ejemplo, seguramente algo lejos de su pensamiento cuyo interés era crear y trabajar. Así mostró que seguir el propio deseo, reconociendo que hay cierta dificultad no sólo para encontrarlo sino también para realizarlo, es una excelente manera de darle sentido a lo que hacemos y entregar a los demás lo mejor que se tiene.

Un personaje que no se puede olvidar, no sólo porque tuvo la posibilidad de ver el mundo más allá de los límites impuestos a todos sino porque logró una revolución, y no aquellas que dejan muertos sino las que oxigenan la vida, que subvierten lo que antes había sido visto de una sola manera y nos recuerdan que el tiempo y el espacio, están atravesados por una concepción humana por lo cual tampoco allí, hay fórmulas inamovibles. Pero especialmente nos enseñó que el deseo es enigmático y no viaja por carriles conocidos por nosotros. ¿Acaso no terminó en la universidad sin haber estado en ella, y además premiado?

Escrito de IPM publicado en el periódico El Heraldo de Barraqnuilla, Colombia. Octubre 15 de 2011

jueves, 3 de noviembre de 2011

Interesante.


David Cronenberg, director de “Un método peligroso
Escrito por José Arce

La sola mención del nombre de David Cronenberg llena nuestra mente de imágenes turbadoras que surgen de la incomparable filmografía de un realizador clave en el cine de las últimas tres décadas. Ahora presenta “Un método peligroso”, centrada en la complejísima relación a tres bandas entre Sigmund Freud (Viggo Mortensen), Carl Gustav Jung (Michael Fassbender) y Sabina Spielrein (Keira Knightley).

Y la verdad es que sorprende encontrarse a una persona sencillamente encantadora, amable y atenta, alejada de la imagen inquietante que puede derivarse de su trabajo tras las cámaras. Charlamos con él durante unos minutos que pasan volando; su agenda manda, evidentemente, y tenemos que dejar para otra ocasión una conversación más distendida que se antoja forzosamente fascinante.

Tu carrera sigue llena de personajes turbadores.
Sí. Los personajes de esta historia fueron muy perturbadores en su momento histórico y el momento en el que vivían. En general, no tengo reglas cuando escojo un proyecto, me dejo llevar por mi instinto; de hecho, cuando leí la obra de Christopher Hampton no estaba buscando una película, pero según fui descubriéndola me pareció tremendamente interesante poder explorar cinematográficamente la vida de Sigmund Freud, todo un icono de la vida intelectual del siglo XX.

Y en un momento histórico fascinante.
Exacto, justo antes de la Gran Guerra. Fueron un montón de piezas que ensamblaron solas.

Vuelves a acertar con el casting con el trío principal.
La elección de un reparto es como un arte negro. Es algo muy, muy importante, pero no hay reglas, no hay nada escrito que te ayude a elegir. Puedes matar una película si te equivocas de actor. También me dejo llevar por mi intuición en ese sentido; algo que hago también mucho es ver en Internet las entrevistas que hacen a los actores, porque muchas veces no tienes la posibilidad de conocer a un intérprete de antemano, y así puedo ver cómo reacciona, cómo es en persona. En el caso de “Un método peligroso”, al tratarse de personajes históricos, había que tener mucho cuidado. Con treinta años, Viggo Mortensen podría haber interpretado a Jung, pero con cincuenta no puede hacerlo.

Tercera colaboración con Mortensen, además. ¿Te sigue sorprendiendo como actor?
En realidad creo que soy yo el que en esta ocasión le ha sorprendido a él ofreciéndole este papel, porque él creía que no iba a poder hacerlo. Es increíble cómo ha cambiado su rostro con una prótesis en la nariz y unas lentillas. Eso me recuerda que en el cartel español los ojos de Viggo no son del mismo color que en la película, es un error curioso; de hecho, él estaba un poco molesto por ello. En otros países en el cartel tiene los ojos oscuros. Además, ganó doce kilos para la película, se ha entregado mucho, es fantástico. Confiamos mucho el uno en el otro.

Por otro lado, hay muy buena química entre Michael Fassbender y Keira Knightley.
Me di cuenta en cuanto les vi juntos en el set. Pero bueno, es parte del problema al que me refería antes, los castings son muy complicados. Michael y Keira no se conocían, nunca se habían visto ni habían hablado nunca. He tenido que actuar un poco como un casamentero, porque tenía que hacer que estuvieran bien juntos, que funcionaran juntos. Hay que confiar en que las cosas vayan a salir bien, y así ha pasado.

Más aún cuando tienen que compartir escenas de sexo masoquista…
Desde luego. Además, en esas escenas no da la impresión de que Jung esté disfrutando, es complicado; parece hacerlo más por seguir el consejo de Otto Gross, Vincent Cassel en la película, que le dice que debe darle a ella lo que quiere. Lo hace por ella, principalmente. Los actores suelen sentirse vulnerables al rodar secuencias sexuales, más aún si son de este tipo.

Freud unía el sexo a buena parte de los trastornos mentales.
La verdad es que Freud fue cambiando sus ideas sobre la sexualidad. Vivió una época de mucha represión sexual, y muchos de los pacientes que iban a verle eran víctimas de esa represión; así, es lógico que sexo y problema estuvieran unidos. Puede parecer en la película que Freud es un tipo muy dogmático, pero en realidad no es así; de hecho, escribió un libro titulado “Más allá del principio del placer” en el que trataba la relación entre muerte y sexualidad, a raíz de una conversación que tuvo con Sabina Spielrein.

Es curioso lo cíclicas que se vuelven las críticas hacia el psicoanálisis.
Estas cosas son así, es cíclico, ciertamente. Hace poco leí en el New York Times que el análisis freudiano se está volviendo muy popular en China porque están saliendo a la luz los problemas que tiene su ingente clase media y están volviendo a mirar sus postulados. Freud tuvo una carrera muy longeva, escribió muchos libros y desarrolló muchas teorías que tienen mucho potencial para ayudar a la gente, desde luego. Creo que su vigencia aún será muy larga.

“Un método peligroso” une la exquisitez formal de tus últimos trabajos con temas recurrentes de tu carrera, como una carga intelectual y sexual muy potente. ¿Marca un retorno a los inicios de tu filmografía?
Cuando me embarco en un proyecto no pienso en lo que he hecho hasta ahora, acepto las cosas tal y como vienen. Dicho esto, es cierto que lo primero que rodé en mi vida fue un corto de siete minutos, “Transferencia”, sobre un médico y su paciente. Visto así es como un círculo que se cierra; pero si hiciese mil películas, podrían ser todas distintas. Sexo, muerte, locura, familia… son temas recurrentes, importantes e interesantes, los mismos griegos los trataban con asiduidad. No soy una persona obsesiva, no estoy obsesionado con ningún tema en concreto.

Tu obra ha sido muy influyente para muchos cineastas.
Atom Egoyan me lo dijo, por ejemplo, o Darren Aronofsky, que me comentó que “La mosca” había sido unas de sus principales inspiraciones para “Cisne negro”; es tremendamente halagador, y me encanta haber servido de ayuda. Pero bueno, en lo que sí creo que puedo haber contribuido es en haber sido uno de los primeros directores canadienses que se quedó a vivir en Canadá, sin salir a Estados Unidos o Inglaterra para tener una carrera.
 
http://noticias.labutaca.net/david-cronenberg-director-de-un-metodo-peligroso-no-soy-una-persona-obsesiva/

martes, 11 de octubre de 2011

Lecturas recomendadas


Crepúsculos

Mario Pujó
Revista Imago Agenda


Una literatura calumniosa persigue al psicoanálisis desde sus orígenes. Freud denuncia el propósito difamatorio de esa crítica y, lejos de amedrentarse ante ella, se dedica a leerla a partir de las revelaciones obtenidas por el propio psicoanálisis. Esas injurias vendrían así a confirmar y no a desmentir las incómodas verdades sobre las que nuestra práctica echa luz, intentando silenciarlas y poniéndose con ello al servicio de su represión. La exitosa propagación del psicoanálisis en Europa y América corrobora lo acertado de la estrategia adoptada en su momento por Freud.

Por su parte, lo intrincado del discurrir de Lacan, así como ciertos rasgos de su personaje, se han prestado fácilmente a distintas tentativas de ridiculización. Estando él en vida, la más célebre ha sido probablemente L’effet t’ yau de poêle de François George, en los años ‘70. La mayor parte de esas diatribas atestiguaba antes que nada de la impotencia de sus autores para abarcar el rigor de una enseñanza que les resultaba simplemente impenetrable. Pero, en casi todas ellas, lo que estaba en juego era el crédito de la figura de Lacan, no el de la cura analítica ni el de su disciplina, ni el de los modos de su transmisión. Cuando verdaderamente se quiere atacar al psicoanálisis, es contra el propio Freud que los detractores la emprenden sin mediación alguna.

Es lo que efectivamente ha venido ocurriendo en los últimos años, de una manera que, si no sistemática, resulta al menos reiterativa. Por caso, El libro negro del psicoanálisis, una compilación de 47 autores aparecida en Francia en 2005 bajo la dirección de Catherine Meyer, generosamente traducida a múltiples idiomas. Y, al año siguiente, Le Dossier Freud: enquête sur l’histoire de la psychanalyse de Mikkel Borch-Jacobsen. Y muchos otros, antes o después. [Les Illusions de la psychanalyse, de J. Van Rillaer (1980), Le Freud inconnu: l’ invention de la psychanalyse, de R. Webster (1998), Retour sur “Faut-il en finir avec la psychanalyse?”, de L. Joffrin (2005), etc.]. En todos esos textos Freud es presentado poco menos que como un inescrupuloso falsario, un mitómano embaucador, el canallesco creador de una ilusión fabulatoria, el esmerado artífice de su propia leyenda, su gloria y su celebridad.

En línea directa con esa saga se inscribe el último libro de Michel Onfray, editado por Taurus en abril de este año. Su título es de por sí sugestivo: El crepúsculo de un ídolo. La fabulación freudiana. La definición de fabulación que inaugura sus páginas no deja lugar a dudas: “Manera caprichosa y hasta mentirosa de presentar o transmitir los hechos”.

Resulta bastante notable −y hasta chocante− que un reconocido filósofo, con más de cincuenta títulos publicados, asuma con entusiasmo la empresa de demoler en 500 páginas la autoridad de la figura de Freud. Aunque no resulte, sin embargo, incomprensible. Porque todo en el libro, absolutamente todo, desde el prestigio de su autor, sus subtítulos, su diseño, su organización, parecerían premeditadamente destinados a convertirlo en un seguro best-seller.

Para corroborarlo, basta hojear el índice dividido en cinco partes, con su prefacio y su conclusión, acompañados de sus cinco “tesis” mayores: 1) El psicoanálisis reniega de la filosofía, pero es en sí mismo una filosofía. 2) El psicoanálisis no supone una ciencia, sino una autobiografía filosófica. 3) El psicoanálisis no es un continuo científico, sino un revoltijo existencial. 4) La técnica psicoanalítica participa del pensamiento mágico. 5) El psicoanálisis no es liberal sino conservador. Cada capítulo pretendería “demostrar” cada una de esas tesis.

El desarrollo argumentativo del prefacio es relativamente simple. Onfray enuncia diez breves “tarjetas postales” −un clisé estandarizado de lo que sería la vulgata psicoanalítica−, para oponerle sus respectivas “contrapostales”. Así, a la afirmación: “Freud descubrió el inconsciente por sí solo con la ayuda de un autoanálisis extremadamente audaz y valeroso”, contrapone la de que “Freud forjó sus hipótesis a partir de sus lecturas filosóficas (Schopenhauer y Nietzsche) y científicas”. A la idea de que “Freud descubrió una técnica que, a través de la cura y el diván, permite atender y curar psicopatologías”, sostiene que “la terapia analítica es una rama del pensamiento mágico: como tratamiento funciona en el estricto límite del efecto placebo”. Cada una de esas sentencias (un remedo de los Diez Mandamientos en el imaginario del autor), son refutadas en un ejercicio de contra argumentación “ateológica”. Pero la respuesta a la tercera pone el foco sobre la hipótesis central del libro: “El psicoanálisis procede de observaciones clínicas: pertenece al ámbito de la ciencia”. A lo que Onfray responde: “El psicoanálisis es una disciplina que pertenece al ámbito de la psicología literaria, procede de la autobiografía de su inventor y funciona a las mil maravillas para comprenderlo a él, y sólo a él”.

Esta aseveración es martillada a lo largo de las quinientas páginas: el psicoanálisis freudiano es una aventura autobiográfica, estrictamente personal, que universaliza la atracción incestuosa por la madre y la rivalidad con el padre que ha experimentado efectivamente su creador; “una disciplina verdadera y justa sólo en lo concerniente a Freud y a nadie más”. Hipótesis que nos da freudianamente una pista de la posición de enunciación de quien la sostiene, por cuanto Onfray es el primero en ser alcanzado por ella.

En efecto, esta extensa diatriba que constituye su texto, está explícitamente sostenida en una vivencia autobiográfica. Porque es como alumno del Liceo y como profesor de filosofía que Onfray accede a su lectura filosófica del psicoanálisis. Y en circunstancias que expone con indisimulada valentía: «Yo salía, en efecto, de cuatro años pasados en un orfanato de sacerdotes salesianos, pedófilos algunos de ellos, y los libros ya me habían salvado de ese infierno en el que no sabía si, a la mañana siguiente, no se habría bajado un escalón más hacia la infamia. Viví en esa hoguera de vicio entre los diez y los catorce años, la edad de mi regreso a la vida». «El niño que ha sentido en el cuello el aliento de la bestia cristiana…» [sic] encuentra entonces en Nietszche, Marx y Freud (El Anticristo, El Manifiesto del Partido Comunista y los Tres ensayos de teoría sexual), el trípode con el que sacudirse el agobio y el oprobio del régimen eclesiástico. El cristianismo no sería ya una fatalidad, el socialismo despejaba el horizonte de otro mundo posible, la sexualidad podría ser vivida sin los desvelos opresivos del dios y el diablo de la moral cristiana.

Veinticinco años después sólo Nietzsche permanece en pie en la consideración del autor. Y, en su visión crepuscular, el freudismo se le aparece como una iglesia monstruosa y fantasmal, con su papa, sus obispos y sus cardenales. El ocaso de los ídolos revela no ser entonces sino el ocaso de sus propias expectativas libertarias, el crepúsculo personal de sus pretéritas y olvidadas convicciones modernas.

miércoles, 5 de octubre de 2011

El diván virtual

                                         
                                           La separación y sus efectos sobre los hijos.

Hoy afrontamos una realidad que hace no sólo aceptable sino muy frecuente que una pareja en la que el amor se acabó, y aún sin acabarse, rompan los vínculos. Estas condiciones que afectan a la familia son la consecuencia de lógicas nuevas que, como pasa siempre en la cultura, traen modificaciones generalmente incomprensibles y por lo tanto incontrolables.

No se  puede dejar de reconocer que uno de los tantos aspectos que han incidido en esta situación está relacionado con los derechos adquiridos por la mujer, que en buena hora sucedieron generando toda clase de consecuencias positivas, no sólo para ella sino para la cultura. Pero también es verdad que al lograrlos, dejaron ver que muchas veces las uniones se sostenían, no precisamente porque fueran muy felices, sino por las ideas prevalentes que la colocaban en una posición de resignación e incapacidad económica para tomar sus propias decisiones.

Si antes la infelicidad conyugal era soportada en silencio por ambos miembros de la pareja, hoy el uso de la expresión “ex”, tan poco usada por nuestros abuelos, evidencia que la mudez se rompió. Ex esposo, ex esposa, ex suegra, ex cuñado y demás, muestran nuevas formas de pensar y sobre todo de relacionarse. Modificaciones que como todas, traen sus beneficios y también sus perjuicios. Estos últimos muy dolorosos porque disolver los lazos establecidos, aún deseándolo, implican sufrimiento, especialmente en la relación con los hijos que sin poder ser ex, a veces terminan siéndolo.

Rompimientos al parecer imposibles de modificar, porque en la ilusión todos quisiéramos que fuera diferente, porque es innegable que a los que les toca sufrir tal suerte, no hubieran querido padecerla. Y siendo así para los padres, mayor aflicción traerá a los hijos que, inocentes de la situación no entienden cómo la película es otra, porque sin darse cuenta les cambiaron el guión. Y allí terminan participando a veces como confidentes, otras como objetos de repartición o llenos de rencor contra uno de los dos en discordia.

Y es así, porque aún si la separación ha tenido todos los visos de ser amistosa y se hayan calmado las aguas, y a veces sin calmarse, los hijos se ven abocados a empezar a conocer a los nuevos amores de los padres que, en ocasiones llevan a una relación gratificante con la persona elegida, pero también hay muchas donde la nueva elección termina aportando mayores conflictos, y algunos cegados por la pasión no alcanzan a darse cuenta del gran malestar que, además de toda la pérdida anterior, generan en sus hijos.

La separación conyugal podríamos nombrarla como uno de los males de la época, una realidad frente a la cual lo que queda es reconocerla para resolverla de la mejor manera, por lo cual la frase tan conocida: “Tengo derecho a rehacer mi vida”, no debe llevar a un egoísmo que termine destruyendo la de otros por la incapacidad para escucharlos, o la capacidad para verter sobre ellos odios que les son ajenos o, a ser ciegos frente a la necesidad del otro.

Sabemos que ser padres no es fácil y menos cuando el vínculo entre ambos se ha perdido, porque en medio de todos los malentendidos, lo mínimo que podrían brindar a esos que se trajeron al mundo sin que lo hubieran pedido, es el acuerdo en su bienestar.

Escrito de Isabel Prado Misas para el periódico El Heraldo de Barranquilla, Colombia. julio 30 de 2011

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Entrevistas


El establecimiento de El Seminario de Jacques Lacan
Entrevista con FranÇois Ansermet a Jacques-Alain Miller
21 de Julio de 1985
Me llamaron el Oscuro y
sin embargo, habitaba el resplandor.
Saint-John Perse

Un día vino a verme un joven suizo. No lo conocía. Según me dijo, quería hacerme preguntas acerca del establecimiento de El Seminario de Jacques Lacan. Hablamos frente a un grabador, que durante una hora hizo las veces de un tercero. La transcripción de esta conversación que hizo FranÇois Ansermet apareció el año pasado en la revista Bloc-notes delpsychanalyse, que publicaba Mario Cifali en Ginebra. Hablamos de este texto que pocos leyeron y que a veces fue desnaturalizado. Un litigio que termino en la justicia, y que ocupó las páginas de los diarios, me despertó el interés de ser escuchado con precisión. Es la razón de esta plaqueta que reproduce exactamente el texto publicado. J.-A. M
FranÇois Ansermet: Establecimiento de un texto, transcripción, escritura, paginación, son otras tantas maneras posibles para designar el trabajo que usted realiza, Seminario tras Seminario. ¿Cómo describirlo? ¿Cómo calificarlo? ¿Cómo trabaja? ¿Con que dificultades se encontró? ¿Qué le aporto este trabajo? Se trata de preguntas a la vez elementales, ingenuas y muy complejas para abordar en esta entrevista.
Jacques-Alain Miller: Son cuestiones diferentes. ¿Cómo describir este trabajo? Este trabajo tiene precedentes en la historia del pensamiento. Hubo grandes profesores que no dejaron cursos redactados, y eso obligo a sus discípulos a establecer los textos. En el curso que di después de la muerte del doctor Lacan evoqué, a propósito de eso, los avatares del curso de Aristóteles que usted conoce. Considero que un trabajo como este, en el caso que nos concierne, esta facilitado por esos gadgets llamados grabadores que la ciencia puso en nuestras manos, y no hablemos de ese otro gadget de escritura que es la estenografía. Además, este trabajo fue empezado mientras el doctor Lacan vivía y no después de muchos siglos, y lo realiza alguien que, con mucha razón, puede ser considerado como el colaborador más cercano de Lacan. Son más las certezas que tenemos para este curso que las que podemos tener para la enseñanza de Aristóteles. Con los cursos de Heidegger, por ejemplo, ocurre algo distinto, ya que el mismo dio versiones escritas y bien puede uno preguntarse por qué no fue ese el caso de Lacan. Absorbido como estaba en un movimiento de continua invención, con un seminario que fue durante mucho tiempo semanal, y con una gran actividad como analista, no tuvo el tiempo que hubiera necesitado. El movimiento de su enseñanza está pautado la estenográfica como texto original. Este establecimiento debe considerarse como una redacción.

FranÇois Ansermet: Como usted escribe en la advertencia antes del epílogo del Seminario XI, se trata de una transcripción que de ahora en mas dará fe y valdrá, en el porvenir, por el original que no existe. Este origen se encuentra retroactivamente en una escritura, en la escritura de la palabra de otro. ¿Qué se puede decir del gesto que funda una obra sobre un original que no existe?

Jacques-Alain Miller: Hay mucho que decir al respecto porque es el problema del pasaje de lo oral a lo escrito. No hay obra oral. Una obra oral se mide por sus consecuencias en el que escucha, y no forma un monumento. Estamos obligados a comprobar, y el mismo Lacan da testimonio de eso en el epilogo que pone en el Seminario XI, el primero que se editó, que nunca consideró publicables las versiones estenográficas de su enseñanza. Ustedes saben que comenzó a dar su seminario en 1951, y recién fue estenografiado a partir del Seminario de 1953-1954. Desde esa fecha hasta 1973, o sea durante veinte años, por algunos escritos, muchos de los cuales, por otra parte, tienen como origen trabajos de circunstancia, de encargos, solicitados por el editor o por la vida misma del grupo analítico. Para esas ocasiones, Lacan concentra su enseñanza en aquello que se ha manifestado para su auditorio como lo más difícil de asimilar. Sus escritos dan vueltas alrededor de ciertos puntos que son un obstáculo, y cruzan a menudo diferentes partes del Seminario. El escrito sobre la psicosis, por ejemplo, cruza el tercer Seminario, el de Las Psicosis, y el cuarto, el de La relación de objeto. En Las Psicosis no encontramos la «metáfora paterna». Para construirla, primero tuvo que encontrar el texto de Jakobson sobre los dos tipos de afasia, después separar la función de significante del imaginario del falo, y gracias al escrito redacta, anuda el falo y el padre en su metáfora paterna.

FranÇois Ansermet: ¿Cómo caracterizaría su trabajo en la práctica?

Jacques-Alain Miller: Yo mismo elegí hablar de establecimiento de texto, aunque en este caso el problema es que Lacan nunca considero a la versión Lacan, se negó a cualquier publicación de su Seminario. J.-B. Pontalis intentó algún resumen de dos o tres seminarios que aparecieron en el Bulletin Depsichologie. Moustafa Safouan redactó un resumen de unas cien páginas del Seminario de La Ética, que quiso publicar, y Lacan, en definitiva, no lo permitió; Jacques Nassif hizo algunos resúmenes de La Lógica del fantasma para las Lettres de FEcole Freudienne, e igualmente un texto que apareció en Scilicet en el que mezcla un texto compuesto a partir de un seminario con sus propias reflexiones; C.Conte, en la misma revista, redactó un largo artículo a partir del Seminario de La Identificación. Así pues, en el transcurso de estos veinte años, existieron varias tentativas de la explotación del Seminario, tentativas que a veces tomaron la forma de compendium, de resumen, o también de redacción personalizada —aquí cito únicamente las tentativas que no apuntaban a hacer que desaparezca el nombre de Lacan, sin hacer referencia a los innumerables plagios y a los meros copiones.
En 1973 le propuse a Lacan un modo de relación con su Seminario muy diferente: no resumirlo, tampoco utilizar el contenido para hacer solo un artículo, o un libro que se parezca a los libros, sino hacer del Seminario un libro, un libro que respete su desglose en lecciones, que sea exhaustivo y, sin embargo, redactado, porque no escrito. Era la primera vez. Cuando evaluamos el resultado, acordamos que el conjunto de sus Seminarios se haría de esa manera. No se me escapa que existe hoy una suerte de puja para que las versiones estenográficas se consideren como texto original. Tengo que ser claro al respecto: yo continúo en la misma línea. Esta redacción podría ser diferente, es la mía, y para Lacan fue la más conveniente. El estatuto de este trabajo no ofrece dudas, es un trabajo de colaboración. Puedo decirle también, que a partir del momento del establecimiento del primer Seminario, la idea del Dr. Lacan era que firmáramos juntos. Siempre fue muy generoso a ese respecto, y consideraba que la parte que me correspondía justificaba esa firma conjunta. Me negué, lo que Lacan, en su epilogo, llamo gentilmente mi «modestia», pero siempre confirmé con Lacan los contratos de edición, jurídicamente tengo el estatuto de coautor. Por otra parte, las versiones estenográficas están circulando, los investigadores pueden remitirse a ellas. Lacan únicamente había dado poder a su editor para que impida una explotación comercial desvergonzada de las ediciones llamadas piratas. Después de su muerte ratifique ese mandato.

FranÇOis Ansermet: Si se puede considerar a Jacques Lacan como el interprete de una obra que se plasma, a partir del texto freudiano, en una práctica y en una enseñanza, ¿que representa esta nueva interpretación que es la escritura de esta palabra? Todo trabajo de interpretación supone anticiparse al sentido: esta anticipación se sitúa en la relación con la palabra que se pronunció. ¿Cómo decidir acerca del sentido en ese contexto?
 

Tomado del blog: Elpsicoanalista lector de Pablo Peusner http://elpsicoanalistalector.blogspot.com/

lunes, 19 de septiembre de 2011

El diván virtual


¿Soy infeliz porque no soy feliz?

Una pregunta enredada, así como parece que nos hemos enredado con la ilusión de la felicidad. Y no porque no exista, ¿acaso quién no ha sido feliz en algunos o en muchos momentos de su vida? La confusión está en creer que la felicidad es un estado en el cual debemos permanecer siempre, que además, está reafirmado por tanto información y comerciales que nos venden imágenes donde todo es perfecto, posible y adquirible. Lo que ratifica una suposición muy humana, la de creer que los demás, a diferencia de uno, si son felices.

Se nos olvida que la vida se da en un movimiento, que a veces nos toca con su halo de alegría, como lo dice Serrat en una de sus canciones: De vez en cuando la vida/ toma conmigo café/Y está tan bonita que,/ da gusto verla./ Se suelta el pelo y me invita,/ a salir con ella a escena. Una escena que quisiéramos se prolongara y la sensación de bienestar fuera infinita. Pero sabemos que no es así, que también en ocasiones nos pone a prueba, y lo único que podemos hacer es tratar de salir airosos. Y aquí nos ayuda Barba Jacob que, como gran poeta, describe esos momentos en que creemos que todo se cierra: Hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,/ como en las noches lúgubres el llanto del pinar:/ el alma gime entonces bajo el dolor del mundo, /y acaso ni Dios mismo nos pueda consolar.

Así es la vida, como la cantan los poetas, por eso es bueno no olvidarlo para no caer en las fantasías del mundo moderno. Un mundo en el cual más y más adelantos se nos ofrecen, además para nada despreciables. Porque quién no quisiera vivirla con tantos beneficios a la mano, empezando por el celular. Dónde una madre ya no tiene que lavar pañales y las parejas pueden gozar de la sexualidad sin temor a aumentar la prole. Cuando se puede viajar en tiempos tan cortos, antes inimaginables o conversar cara a cara con el que está lejano. Así mismo, contar con la suerte de que un documento cuyo envío urgente, hasta hace poco costaba más tiempo, más dinero y más úlceras, ahora se resuelva en un minuto.

Y cómo no agradecer poder bajar de peso o lucir mejor silueta después del paso por el bisturí de un cirujano, tener más senos y menos arrugas, mejor nariz, y toda suerte de postizos y extensiones. Además de contar con la pastilla para dormir, para mantenerse despierto, para no pensar, para ser feliz, como lo muestran algunos comerciales.

El mundo actual exige gozar y todo parece estar ahí para alcanzarlo, además con poco esfuerzo, un sufrimiento más para aquellos que al no lograrlo, afianzan el supuesto de la felicidad que gozan aquellos que si la tienen. Al parecer, ahora deberíamos tener más razones para ser felices, un más que se vuelve un menos, como lo demuestra un especial y admirado personaje que por estos días cumple dos años de muerto, quien con todas sus cirugías y el deseo cumplido de cambiar su color de piel, no logró dejar de sentir lo que nos dice Serrat en la continuación de su canción: De vez en cuando la vida,/ nos gasta una broma, /y nos despertamos sin saber qué pasa, /chupando un palo sentados,/ sobre una calabaza.

Es la razón de que los versos de Barba Jacob sigan siendo actuales y no los deberíamos olvidar, sobre todo para no confundirnos y salir corriendo a tomarnos una pastillita, o hacernos diagnosticar con tantos rótulos que hoy dicen lo que es normal y lo que no, que no nos curan pero sí nos vuelven más lúgubres. O, llenar lo que supuestamente nos falta con todo lo que se ofrece en el mercado, porque bombardeados con tanta oferta, no alcanzamos a averiguar qué es lo que realmente queremos de la propia vida. Un llenar que no da espacio a la reflexión, a la pregunta, y menos a un verso. Donde como cualquier Emo, una manifestación de una de las consignas de nuestro mundo moderno, hay que dedicarse a ser infeliz porque no se es feliz.

Escrito de IPM publicado en el periódico El Heraldo de Barranquilla, Colombia. Julio 3 de 2011

sábado, 17 de septiembre de 2011

viernes, 16 de septiembre de 2011

Conferencias

                                                  
                                                   ¿Qué le dijo a Freud Cecilia M.?

                                                                                                             En la estrecha cavidad de su muela se recluye su alma toda.
Wilhelm Busch

Hay un caso que Freud relata en Estudios Sobra la Histeria, se trata de Cecilia M., reseñado en una de las epicrisis, del que se ha dicho muy poco a pesar de la riqueza teórica en lo referente al símbolo y al lenguaje.  Un caso pertinente para esta jornada, ya que era una mujer que le dolía el cuerpo desde la cabeza a los pies. Su principal síntoma era una neuralgia facial que surgía de repente, dos o tres veces al año, que podía durar meses enteros. Era el tiempo en que Freud todavía usaba la hipnosis y en él se deja ver que para ese tiempo ya tenía muy clara la importancia del simbolismo y del lenguaje en un texto de de 1895.

Allí recrea los ejemplos de Cecilia, no sin antes advertir: Este ejemplo de génesis de un síntoma histérico por simbolización mediante la expresión verbal, parece inverosímil y hasta cómico. Algo de lo que sabemos bastante cuando intentamos explicar el psicoanálisis a partir de sus ejemplos, que hacia afuera pierden toda credibilidad. Porque, cómo creer, como en este caso, que una ofensa verbal muy antigua, se instale en el cuerpo como un dolor en la cara que no cesa y que después de mucho tiempo de sufrirlo, esto tenga sus efectos, al decir: Fue como si me hubiera dado una bofetada. O, un dolor en el talón que aparece de improviso, inhibiendo una acción deseada y, tiempo después ella pueda decir sin saber que ya sabía: Por entonces me dominaba el miedo de no entrar con buen pie.

Todavía más explicativo otro síntoma que este personaje le brinda a Freud, un dolor penetrante en medio de la frente que le hace recordar que siendo una jovencita, su abuela enérgica y severa “La miró tan penetrantemente que sintió su mirada en el cerebro”. La explicación que da la paciente y su risa, muestra esos momentos del análisis, donde el analista y su analizante saben de qué hablan: Tenía miedo de ver reflejarse en los ojos de la abuela una cierta sospecha. Una risa que muestra que a buen entendedor pocas palabras, más, si se trata de sexo.

¿Acaso sería ir muy lejos, si seguimos a Lacan en el seminario RSI cuando nos dice que Freud no era lacaniano, pero que nada impide suponerle los tres registros Real, Simbólico, Imaginario? Y, ¿bajo esta propuesta del Lacan de 1975 seguir a Freud en la misma epicrisis en su continuación del comentario sobre Cecilia?

Pero, a mi juicio, el acto mediante el cual crea un histérico, por simbolización, una expresión somática, para una representación saturada de afecto, tiene muy poco de personal y voluntario. Tomando al pie de la letra las expresiones metafóricas de uso corriente y sintiendo como un suceso real, al ser ofendida, la “herida en el corazón” o la “bofetada”, no hacía uso la paciente de un abusivo retruécano, sino que daba vida a la sensación a la cual debió su génesis la expresión verbal correspondiente. En efecto, si al recibir una ofensa no experimentáramos una cierta sensación precordial, no se nos hubiera ocurrido jamás crear una tal expresión. Del mismo modo la frase: “Tener que tragarse algo”, que aplicamos a las ofensas recibidas sin posibilidad de protesta, procede, realmente, de las sensaciones de inervación que experimentamos en la garganta en tales casos. Todas estas sensaciones de inervación pertenecen a la expresión de las emociones.

Concluyendo que:

Llego incluso a creer que es equivocado afirmar que la histeria crea por simbolización tales sensaciones, pues quizá no tome como modelo los usos del lenguaje, sino que extraiga con él sus materiales de una misma fuente.
Seguramente nada nos impide leer la anterior propuesta a la luz de los tres registros, y para ayudarnos, sigamos a Lacan en el mismo seminario cuando refiriéndose a la inhibición, dice:

La inhibición, como él mismo (Freud) lo articula es asunto de cuerpo, o sea de función. Y para indicarlo en este esquema, diré que es lo que en alguna parte se detiene por inmiscuirse en una figura de agujero de lo simbólico. Lo que se encuentra en el animal, donde hay en el sistema nervioso un centro inhibidor, ¿es del mismo orden que, en el ser hablante, esta detención del funcionamiento en tanto imaginario?...¿Cómo la inhibición puede tener que ver con este efecto de detención que resulta de su intrusión en el campo simbólico?...Es la angustia en tanto que ella parte de lo real, la que va a dar su sentido a la naturaleza del goce que se produce aquí por el recorte, de lo real y de lo simbólico.
Unas preguntas pertinentes porque los animales también enferman y mueren, al parecer lo que no insiste en ellos son esos recortes que se manifiestan en el cuerpo del hablante que constituyen síntomas, que al ser tratados por la medicina, encuentran un límite que ella no puede abordar. Lo que nos permite entender otra afirmación del seminario del mismo nombre, que quizá nos haga reír, pero que sufrirlo no es tan gozoso, dice: Mucha gente ha sospechado que el hombre no es más que una mano. ¡Si fuera una mano! Pero está todo su cuerpo. Él piensa también con sus pies. Podríamos aventurarnos a proponer en este trabajo, ¿que ese pie de Cecilia pensaba?

Seguramente, una propuesta para hacerla sólo en un lugar como este, porque fuera de contexto puede pasar como en la anécdota referida por Helizabeth Roudinesco, del encuentro de Lacan con Chomsky, emérito lingüista norteamericano, al cual el primero le responde así una pregunta sobre el pensamiento:

lunes, 12 de septiembre de 2011

El diván virtual


¿Un padre?

En una entrevista a un personaje de tantos de nuestro entorno nacional, le preguntaron si se consideraba un buen padre, respondió que eso lo diría su hijo cuando estuviera grande. Parece una respuesta simple, pero a veces las respuestas simples están cargadas de verdad. Especialmente porque definiciones de buen padre hay muchas, dónde seguramente algunos sienten que no cumplen con todos los requisitos que allí se exigen. Y de pronto aquellos que están convencidos de cumplirlos todos, quien sabe si realmente lo sean.

Es que ser un padre no es tarea fácil, no olvidemos que un padre es un hombre, un ser como cualquiera lleno de carencias, errores, dudas y dificultades. También, según lo que se observa en la cultura, pareciera un poco más fácil para ellas aceptar la maternidad que para ellos asumir la paternidad, evidente en que la aparición del deseo de un hijo es más frecuente primero del lado de la mujer, quien siente que a partir de él consolida la relación. No es salirse de la verdad, reconocer que hay algo en ellos que, por estructura, los hace más resbaladizos frente a este compromiso, y que muchos, cuando lo logran, tiene que ver con cómo aquella que han elegido como objeto de su amor y su deseo, sabe mostrarles un camino para ellos no muy claro.

También, hay que tener en cuenta que el hijo se gesta en el cuerpo de la madre, la cual siente su presencia en cada cambio y más tarde en el momento del parto, es ella la que está en juego. Luego, en los primeros tiempos, debido a los cuidados que siguen involucrando ambos cuerpos, la relación se hace no sólo más posible sino cada vez más estrecha.

¿Y el padre? Él estará allí como un espectador, y en el mejor de los casos, un colaborador. Además no lo podemos culpar porque su cuerpo no se deforme, ni sienta ningún malestar o dolor físico, es así como lo decidió la madre naturaleza de manera sabia, porque si los dos estuvieran en igualdad de condiciones la situación sería un poco más difícil. Al hacerlo, privó al hombre de las maravillosas sensaciones de la maternidad, cosa que seguramente muy pocos se pelearían porque le fueran dadas. ¿Y por qué? Porque son padres. Porque ese es su lugar, no solamente en los primeros tiempos sino para toda la vida. Un lugar de diferencia que permitirá que esos dos que todavía se creen uno, encuentran un tercero que en otra posición podrá sancionar de otra forma lo que para ellos puede ser igual.

Un padre, para engrosar la gran lista de definiciones, sería entonces aquel que no rehúsa ese lugar, y para hacerlo, como en muchos casos sucede, no necesariamente siempre debe estar presente, sabemos que hay muchos que estándolo no ejercen su función. Un padre es el que responde al llamado del hijo cuando lo necesita, le da su nombre, su protección, su amor y le muestra que en el camino de la vida no todo le será dado sin esfuerzo.

Hay una historia en la Biblia que no hace necesario ser creyente para entender su enseñanza. El Antiguo Testamento cuenta que Adán y Eva vivían felices en el paraíso y el maná les caía del cielo, pero llega un momento en que prueban el fruto que les estaba prohibido, el árbol del saber, y empiezan a saber, lo primero, que estaban desnudos, un saber sobre el sexo. Entonces ese padre que les daba todo, con todo el poder que le da ley los saca del paraíso, enterando a Adán que de ahora en adelante ganará el sustento con el sudor de su frente y a Eva que parirá con esfuerzo. Es la imagen de un padre que advierte a sus hijos de la realidad de la vida, que corrige y enseña. Una función no muy sencilla de ejercer porque siendo humanos y no dioses, son muchos los errores que se pueden cometer, todos perdonables. Menos su ausencia cuando más debe estar presente, su falta de amor y su falta de ley.

Escrito de IPM publicado en el periódico El Heraldo de Barranquilla, Colombia. Junio 25 de 2011


miércoles, 31 de agosto de 2011

Pensamientos


Filosofía y psicoanálisis.

Antes de Descartes aunque había sujetos, el sujeto no había sido nombrado en el pensamiento en la cultura. Sujeto a Dios no había sido pensado, es así que los lógicos como San Anselmo se preocupaban más por demostrar la existencia de Dios, o sea del Otro, que del sujeto. Con descartes se empieza a hablar de otra forma y aparece el existo, que va a dar lugar a la existencia y sin el cual no habría existencialismo, aunque él no sea el padre.

CaduceusLo que viene después es todo un adelanto en cómo pensar a ese yo que piensa, y allí, spinoza, qué avance poder delimitar las pasiones, luego, los empiristas ingleses y los debates sobre la ideas. Más adelante Kant y su idealismo, Hegel: la conciencia y la dialéctica. En Kierkegaard y el existencialismo y Nietzsche y el eterno retorno, empiezan a sospechar el agujero, que Freud puede nombrar y Lacan trata de conceptualizar a partir de nombrar al sujeto de otra manera: un S1 para un S2, entre dos significantes. De paso retoma la angustia, que entiendo, la ubica entre ambos y en relación al objeto a, objeto perdido, que por más que se repita su trazado nunca será repetición porque no es eso lo que se encontrará.

Lo que se repite es un vacio, una perdida que es la misma constitución del sujeto, que siendo angustiante, también permite una salida porque es repetición de un momento constitutivo, allí a lo que el análisis apunta, sabiendo que A no es igual A, porque la segunda nunca será igual a la primera. Un avance para pensar al sujeto y al objeto y también un avance de los impases del existencialismo, donde la salida es la eterna repetición que por lo simbólico representa la muerte.

Impase porque la existencia es tomada de la realidad, de la consistencia, de lo imaginario. La ex-sistencia en Lacan tiene que ver con lo real.

De IPM

jueves, 25 de agosto de 2011

El diván virtual


¿Pobrecito?

¿Por qué será que usamos tanto esta palabra? Está tan arraigada que no nos damos cuenta. Vivimos en un mundo de “pobrecitiados”, que se inicia en el decir de muchas madres: “Pobrecito mijo”. ¿Y las razones? Porque estudió toda la noche, porque trabaja mucho, porque no lo entienden, porque no le salieron las cosas como las esperaba. Razones que si se analizan, se aplican a situaciones que a todo el mundo le suceden pero que en un malentendido, dejan a los así rotulados en la creencia de que su vida es un valle de lágrimas.
Una palabra que implica compasión, un sentimiento válido producto de nuestra condición humana que permite identificarse con el dolor ajeno y lleva a la solidaridad con el semejante. También una palabra de la que muchas veces se abusa sin darse cuenta, que transmite un mensaje de desvalorización en el que muchos, por haberlo escuchado siempre, se acomodan.

Mirar al otro con compasión, con dolor, lo disminuye, al mismo tiempo que permite al que así mira, estar en una situación de ventaja. Algo muy común en algunas madres y padres que nunca pueden ver que su hijo ha crecido, por lo cual lo asumen como alguien para quien los retos normales le serán inalcanzables. Un sentimiento conmiserativo que no da apoyo sino que lo quita, que obedece, como casi todo, a razones inconscientes. Que lo sean no quiere decir que sean imposibles de descifrar, sólo hay que fijarnos en las palabras que usamos, y si esta es una de ellas, algo debemos estar trasmitiendo mal.

Un pobrecito que cuando siempre se ha escuchado lleva a la falta de confianza en sí mismo. Donde situaciones de la vida, que no son pocas, en las cuales se exige es levantarse y proseguir, la autocompasión no lo permite porque acomodado en el lugar de la víctima, se recurre al llanto, a la agresión y sobre todo a culpabilizar al otro sin sentirse involucrado. Y, en ocasiones, a buscar ayuda en remedios mágicos donde otros hacen de las suyas, aprovechando que el interesado está convencido que las soluciones no las tiene él sino el destino y la suerte que siempre le ha sido adversa.

Vemos la vida según el marco interpretativo en el que nos la han mostrado, por eso aquellos que ante un simple resbalón siempre han oído una gran algarabía y han sido mirados con compasión, serán muy diferentes a los que ante el mismo, encontraron una mano que los ayudó a levantarse, no sólo del piso sino de una creencia de ineptitud, incapacidad y derrotismo.

Pobrecito es un mensaje fuerte que no prepara precisamente para los momentos difíciles, cuando perdemos un amor, un amigo, un trabajo, cuando la enfermedad nos encuentra o la muerte acecha. Pobrecito es algo que no debemos decir a nadie, ni decirnos a nosotros mismos, ya que todos estamos en este mundo, seguramente con más o menos posibilidades pero con la suerte de estar vivos. Tal vez lo que llevó a García Márquez a una frase magistral, cuando uno de sus personajes a una edad muy avanzada se da cuenta que “No era la muerte sino la vida la que no tenía límites”.

Unos límites que a veces los estrechamos porque una situación difícil nos lleva a recordar otras pasadas, que así encadenadas, llevan a pensar que se es muy de malas, cuando sólo es una asociación en la que pasamos por alto lo que no entra en la serie del infortunio. Una posición adquirida desde tiempos tempranos donde nos adjudicaron y nos adjudicamos como pobrecitos, un dicho muy común que no se cuestiona, que se arrastra de generación en generación y es aceptado como normal y hasta benéfico en la cultura.

Escrito de IPM publicado en el periódico El Heraldo de Barranquilla, Colombia. Junio 18 de 2011

lunes, 22 de agosto de 2011

Lecturas recomendadas



Conferencia de Lacan en Londres

Una nota de Hebe Friedenthal -3 de febrero de 1975-.

"El Instituto Francés de Londres invita a 'Entretiens avec Jacques Lacan' el 3 de febrero de 1975" anuncia un cartelito colgado en segundo plano en una cartelera escondida en una de los Departamentos de la Tavistock. Los ingleses, ni se enteran: el cartelito casi ni se ve, ellos no entienden francés, y además ¿quién es Lacan?

Los sudamericanos en cambio, se alborotan, se preparan, hacen lugar en sus agendas para una conferencia vespertina. Yo llego media hora antes, recordando relatos sobre sus auditorios multitudinarios en la Sorbona. El Instituto Francés está situado en un barrio "posh", como dicen por acá (en criollo, "pituco"), tiene un pequeño teatro donde se realizará la conferencia. Lentamente se llena. Concurrentes ¿quiénes serán? Por su aspecto diría estudiantes, señoras y señores que asisten a "conferencias de enriquecimiento cultural", psicoanalistas (pocos) que oyeron hablar de Lacan, y unos diez psicólogos y médicos argentinos estudiando o paseando en Londres. En fin, una mezcla. En el escenario del teatro una mesa, rnicrófono y silla esperan a Lacan.

Este se presenta con un traje gris de excelente corte y una camisa blanca cuyo cuello alto y duro le forman un cierre novedoso, una terminación especial. ¿Estudiada? ¿Diseñada para él? Pelo blanco, frondoso, anteojos, un cigarro, cejas muy espesas. Con sorpresa me entero que tiene 74 años. Un señor lo presenta, saluda el retorno de Lacan a Londres, y, espera, el de Londres a Lacan, después de diez años. Anuncia la próxima aparición de los "Escritos", publicada por Tavistock Press.

Lacan comienza:

¿Se oye bien? Me sorprendió que me pidieran varias veces que viniera a Londres, no tenía idea de cuantos seríais, no esperaba encontrar una asamblea tan numerosa. Sé que aún se me ignora. Podemos tomar a Erich Fromm como un nombre dentro del psicoanálisis, que no me menciona. Ya en 1953 en París se da la primera escisión del Instituto Psicoanalítico, contemporánea a su formación; yo he creído mi deber tomar partido por cierto número de personas, de ahí derivaron todo tipo de consecuencias cuya historia no tiene ningún interés. El psicoanálisis francés se habría beneficiado si hubiera seguido siendo, un solo psicoanálisis... habría tenido también la ventaja de recibir mis enseñanzas. El libro de Erich Fromm "La crisis del psicoanálisis" ‑él considera que hay menos gente que se hace analizar en Norteamérica‑ me ha sorprendido, no me menciona. Para él sigo siendo un desconocido.

Yo insisto en comentar cómo siento que son las cosas. ¿Por qué se siguen mis cursos en París? Porque aportan. Porque aportan algo que es del orden del signo. El psicoanálisis aparece en el mundo en el momento de introducción de una palabra como ésa (signo). Quiero decir que no es un concepto del mundo sino algo que relativiza la noción que podemos tener de lo que es un mundo. Es una noción totalmente –para introducir un término que suelo usar, "un pivote"- es una noción imaginaria. Uno se imagina que hay un mundo y esto es algo que hay que revisar, quiero decir, que hay que retomar, porque esto es lo que nos enseña la historia.

domingo, 14 de agosto de 2011

El diván virtual


¿Una cura para el dolor humano?

Cuando se escribe, muchas veces asalta la pregunta de para qué sirve lo que se está diciendo. Un pensamiento más frecuente cuando se cree estar tratando un tema trivial, algo que me recuerda la tenacidad del fundador del psicoanálisis Sigmund Freud. Sabemos que se dedicó a aspectos considerados banales para su tiempo, y aún algunos lo creen así. Dedicarse al estudio de los sueños, de los lapsus, de los olvidos, del chiste, parecía un chiste.

Y no sólo indagó sobre lo anteriormente nombrado, también, y es lo más reconocido, introdujo en el estudio del comportamiento o más bien de la psique, la importancia de la sexualidad. Y quien la negaría hoy cuando vemos los sucesos que día a día nos asaltan y a los que nos gustaría encontrarles una explicación. Es aquí donde el descubrimiento freudiano nos da algunas luces, ya que sólo el pensamiento o la razón no explican a ese ser habitado por un gran cúmulo de pasiones donde priman el amor, el odio y la ignorancia.

El amor, cuando somos capaces de crear lo más sublime y hacer por otro lo que nunca hubiéramos imaginado. El odio, que se evidencia en la guerra, en la violencia cotidiana y en la incapacidad para soportar al otro con sus diferencias. Y sobre todo la ignorancia, esa pasión que nos deja ciegos, que no nos permite indagar las propias debilidades y que nos fuerza a mantener situaciones por temor a la soledad o al abandono. También como ha sucedido en diversos momentos de la historia, la tendencia a negar lo que aparece como novedoso, hasta el punto que aquellos que se atrevieron a mostrar otra faceta de lo que supuestamente ya se sabía, fueron condenados y algunos lo pagaron con su vida. Lo que deja ver que mover las verdades en las que uno se ha construido no es tarea fácil.

El psicoanálisis al adentrarse en temas al parecer poco ortodoxos, se le supone menos riguroso, porque sus postulados se sostienen en la existencia del inconsciente, se le considera menos científico. Y se puede entender la razón de los que así piensan porque siendo el inconsciente lo que no está a la luz de la conciencia, su demostración no se hace posible a través de los métodos utilizados por otras disciplinas. Sólo cuando alguien se atreve a indagar en un proceso de análisis las razones por las cuales su vida no anda, será cuando podrá entender de qué se trata aquello que el fundador del psicoanálisis mostró como una posibilidad de cura al dolor humano.

También es muy común escuchar, además como una crítica, que su tratamiento es muy largo, siendo más fácil acudir a las pastillas que, seguramente en momentos de crisis son muy necesarias, pero nadie podría creer que un duelo que no cesa por la pérdida de un ser querido, la angustia evidente en una fobia, el rumiar de pensamientos de un obsesivo, y tantos otros malestares de los que no sabemos su causa podrían ser curado con ellas. Son sólo un paliativo que adormece la conciencia, como si en la medicina se dieran pastillas para la fiebre sin atacar la infección.

Y si, lleva un poco más de tiempo, sobre todo porque reconoce la complejidad humana donde los encuentros con la propia verdad no se dan porque otro nos la diga, eso lo hacen siempre nuestros familiares y amigos sin que los podamos escuchar y, porque lo que nos hace sufrir está tan escondido que aún teniendo la mejor voluntad se escabulle. Es la razón de la técnica llamada Asociación Libre, una libertad para hablar sin ser cuestionado o censurado, dónde aparecerá lo no sabido. Entonces, si dura un poco más, no es porque se demore la cura, ella se da sesión tras sesión, es porque el participante al confirmar la existencia del inconsciente y sentirse aliviado, se muestra tan interesado en seguir indagando que aparece otra pasión: querer saber más sobre sí mismo.

Escrito de IPM publicado en el periódico El Heraldo de Barraquilla, Colombia. Junio 11 de 2011

sábado, 6 de agosto de 2011

Invitación al seminario



"El objeto detrás del deseo”

Hay cuatro cosas sobre las que nada puedo decir,
porque no queda de ellas huella alguna.
Del surco del águila en el cielo, de la serpiente en la tierra,
del navío en el mar y de la huella del hombre en la muchacha.
Salomón
“El verdadero objeto que busca el neurótico es una demanda que quiere que se le demande. Quiere que le supliquen. Lo único que no quiere es pagar el precio”. Esta es una afirmación del seminario La angustia, aquel donde Lacan va construyendo su concepto del objeto a, allí donde podemos encontrar los cimientos que nos permitirán entender lo que planteará más tarde en el seminario Aun o del goce.

También en otro lugar dice: “Aquello ante lo que el neurótico recula no es la castración sino que hace de su castración lo que le falta al otro”. Y aquí entramos en la propuesta del presente seminario que versará sobre esa falta, sobre la angustia y su propuesta posterior de las fórmulas de la sexuación. Unas fórmulas que están para mostrar lo que da cuenta de sus aforismos: La mujer no existe y la relación sexual no puede escribirse. Una búsqueda de respuestas y una lectura de lo que a diario padecemos, por lo cual se acude a un análisis, pero también y sobre todo, luces que dan cuenta de la dificultad para teorizar eso que siempre se escabulle: lo inconsciente.

TEMAS

-El objeto detrás del deseo. La identificación sádica con el objeto fetiche. La identificación masoquista con el objeto común. Acting out y pasaje al acto.
-Te deseo aunque no lo sepa. Lo especular y el significante. Hamlet y la escena dentro de la escena. De la detumescencia a la castración.
-Necedad del significante. El signo de que se cambia de discurso. Hablar de coger. El Otro sexo. El amor suple la ausencia de relación sexual.
-Goce del ser. Los místicos. Una carta de almor y las fórmulas de la sexuación. El odioamoramiento. Allí donde eso habla goza y no sabe nada.
-El hombre, la mujer y la lógica. El hombre, la mujer y el psicoanálisis

MATERIAL

Película: Hamlet (1990), Dirigida por Franco Zeffirelli y protagonizada por Mel Gibson, Glenn Close, Alan Bates.
Jacques Lacan. Seminarios: La angustia, Aun. De un discurso que no fuera del semblante.
Sigmund. Freud. La joven homosexual. Caso Dora.

INICIO: MARTES 9 de agosto DE 2011
FINALIZACIÓN: MARTES 28 de noviembre de 2011
HORA: 7:00 p.m.
Informes 3158956671

Obra. Salvador Dali.Figura femenina con cabeza de flores.

jueves, 4 de agosto de 2011

El diván virtual


Dependencia y sobreprotección

Cuando hablamos de dependencia lo entendemos como la incapacidad para realizar por propia cuenta y riesgo lo que corresponde a la edad. Lo anterior no es falso, pero es algo que va más allá.

La dependencia es un dolor indecible, una situación muy penosa por el continuo miedo de “pasar pena”, lo que nombramos como: “Vivir pendiente del qué dirán”. Un qué dirán que amordaza, afecto que se inmiscuye en cualquier elección, entendible porque siendo seres gregarios, el semejante siempre estará en el horizonte de cualquiera de nuestros actos, si así no fuera, no podríamos vivir en grupo porque librados todos a: “Lo que nos diera la gana” no habría lazo social que se sostuviera.

Estamos hablando entonces de algo que es común pero con un agravante, y es que este sentimiento ocupa de tal manera al llamado Dependiente, que todos los actos de su vida están regidos por el temor a realizar lo que, de pronto, no va a ser mirado con buenos ojos. Una dependencia que no se refiere precisamente al otro que tenemos al frente, aunque la represente, sino a un otro que llevamos en la mente, que apabulla con una serie de pensamientos que limitan para ser lo que realmente se quiere ser. Una entramada de prejuicios, armazón de inhibiciones, cúmulo de dudas paralizantes, y en el cuerpo, sudores y temblores que atan no sólo la lengua, también el pensamiento.

Es así, que el estudiante en clase se abstendrá de hacer una pregunta para él importante, un empleado en el trabajo, se guardará el aporte que hubiera mejorado la empresa, un padre o una madre callarán ante los abusos a sus hijos o de sus hijos, un profesor no tendrá palabras para proponer sus criterios, y el jefe permitirá que sus subalternos burlen las normas, así como el enamorado no podrá decir sus afectos.

Dudas que afectan también el vestir, llevando a algunos, y en este caso especialmente a las mujeres, a emplear un tiempo desmesurado combinando prendas para terminar eligiendo lo que menos quería lucir. Es como vivir en una burbuja o detrás de un vidrio, como un observador que se siente observado mirando el mundo del que quisiera participar, pero le está vedado. Y cuando a veces lo logra, lo asalta una culpa que no sabe de dónde viene, lo que si sabe es lo que le dice, que no lo hizo nada bien.

Es conocido que esta situación está relacionada a una crianza de sobreprotección, lugar común, del que se cree ya está todo dicho, sin embargo se podría decir algo más. Es entendible que si el medio en que se vivió no permitió el desarrollo de la posibilidad de decisión, más tarde, al verse abocado a hacerlo, se encontrará con la angustia. Y es así, porque ella da cuenta de la soledad verdadera, aquella en la que se encuentra el ser humano frente a sí mismo y donde sabe, o más bien intuye que la vida le exige ser su propio artífice.

Una angustia que aparece producto de haber estado siempre en posición de recibir y poco en posición de dar. Por eso en el momento se escabulle, negándose a si mismo lo que quisiera decir, o se borra, cuando la mente le juega la mala pasada de quedar en blanco. Nada acude a ella, convirtiéndolo en una nada que no quiere ser.

A veces en un malentendido se cree que para salir de este estado se deben sufrir las consecuencias de perder lo que se ha tenido, cuando esto sólo lo haría más pobre, más adolorido. Podríamos mejor concluir que la sobreprotección ejercida sobre alguien no consiste en haberle dado mucho, sino en haberle pedido poco. De allí que ese alguien puede construir su vida pensando que lo que tiene para dar no significa nada para los demás. Seguir creyéndolo no lo ayudará. Sólo le queda averiguar.

Escrito de IPM publicado en el periódico El Heraldo de Barranquilla. Mayo 28 de 2011

jueves, 28 de julio de 2011

Entrevistas


                                                  Entrevista a Lacan por Por Emilia Granzotto

Emilia Granzotto: -Profesor Lacan, se escucha cada vez más a menudo hablar de la crisis del psicoanálisis: se dice que Sigmund Freud está pasado de moda, la sociedad moderna ha descubierto que su doctrina ya no es suficiente, para comprender al hombre ni para interpretar a fondo su relación con el medioambiente, con el mundo.

Jacques LacanJacques Lacan: -Esas son historias. Primero, no hay crisis. El psicoanálisis no tiene del todo localizados sus límites, al contrario. Hay todavía muchas cosas por descubrir en la práctica y en la doctrina. En psicoanálisis no hay una solución inmediata, pero solamente a la larga, espera investigar los por qué.

Segundo: Freud. ¿Cómo se puede juzgar que está pasado de moda si nosotros no lo hemos comprendido totalmente? Lo que, sabemos es que ha hecho conocer cosas perfectamente novedosas que no se habían imaginado antes que él, problemas… desde el inconsciente hasta la importancia de la sexualidad, del acceso a lo simbólico, a la sujeción a las leyes del lenguaje.

Su doctrina ha puesto en cuestión la verdad, un asunto que importa a cada uno, personalmente. Nada tiene que ver con una crisis. Yo repito: se está lejos de los objetivos de Freud. Es también porque su nombre ha servido para cubrir muchas cosas, desviaciones, los epígonos[2] no han seguido siempre fielmente el modelo, esto ha creado la confusión.

Después de su muerte, en el ‘39, mismo algunos de sus alumnos han pretendido hacer el psicoanálisis de otra manera, reduciendo su enseñanza a algunas pequeñas fórmulas banales: la técnica como rito, la práctica reducida al tratamiento del comportamiento y, como objetivos, la readaptación del individuo a su medioambiente social. Es decir la negación de Freud, un psicoanálisis acomodaticio, de salón.

El lo había previsto. Decía que hay tres posiciones imposibles de sostener, tres intervenciones imposibles: gobernar, educar y psicoanalizar. Hoy poco importa qué responsabilidades tiene el gobernante, y todo el mundo se pretende educador. En cuanto a los psicoanalistas, desgraciadamente, ellos prosperan como los magos y los curanderos. Proponer a la gente ayudarlos significa el éxito asegurado y la clientela detrás de la puerta. El psicoanálisis es otra cosa.

- ¿Qué exactamente?
- Yo lo defino como un symptôme[3], revelador del malestar de la civilización en la cual nosotros vivimos. No es, por supuesto, una filosofía, yo aborrezco la filosofía, hace mucho tiempo que ella no dice nada interesante. No es tampoco fe, y no me gusta llamarla ciencia. Decimos que es una práctica que se ocupa de lo que no marcha bien, terriblemente difícil porque ella pretende introducir en la vida cotidiana lo imposible y lo imaginario. Hasta ahora, ella ha obtenido ciertos resultados, pero no tiene todavía reglas y se presta a toda clase de equivocaciones.

No hay que olvidar que se trata de algo totalmente nuevo, que tiene relación con la medicina, o con la psicología o con las ciencias afines. Ella es también muy joven. Freud ha muerto hace a penas 35 años. Su primer libro La interpretación de los sueños ha sido publicado en 1900, y con muy poca repercusión. Creo que ha tenido 300 ejemplares vendidos por aquellos años. Tenía también muy pocos alumnos, que pasaban por locos, y ellos mismos no se ponían de acuerdo sobre la manera de poner en práctica y de interpretar lo que habían aprendido.

- ¿Qué es lo que no marcha bien en el hombre?
 Hay una gran fatiga de vivir, resultado del camino hacia el progreso. Se espera del psicoanálisis que descubra hasta donde se puede ir arrastrando esta fatiga, este malestar de la vida.

- ¿Qué empuja a la gente a psicoanalizarse?
- El miedo. Cuando le pasan cosas, las mismas cosas que ha querido, que él no comprende, el hombre tiene miedo. Sufre por no comprender y poco a poco entra en un estado de pánico, es la neurosis. En la neurosis histérica el cuerpo enferma por el temor de estar enfermo, sin estarlo en realidad. En la neurosis obsesiva el miedo pone cosas bizarras en la cabeza… pensamientos que uno no puede controlar, fobias en las cuales formas y objetos adquieren significaciones diversas y espantosas.

- ¿Por ejemplo?
- Llega a la neurosis de sentirse empujado por una necesidad horrorosa, de ir a verificar decenas de veces si la canilla está verdaderamente cerrada o si tal cosa está bien en su sitio, sabiendo con certeza que la canilla está como debe ser, y que todo está en su sitio. No hay píldora que cure esto. Tú debes descubrir por qué se llega y saber lo que esto significa.

- ¿Y el tratamiento?
- La neurosis es una enfermedad que se trata con la palabra, ante todo con la suya. Él debe hablar, contar, explicar,... el mismo Freud lo define así “asunción de la parte del sujeto de su propia historia, en la medida en que ella está constituida por la palabra dirigida a otro”.
El psicoanálisis es el rey de la palabra, no hay otro remedio. Freud explicaba que el inconsciente, no es tan profundo más bien es inaccesible a la profundidad conciente. Y decía también que en este inconsciente “eso habla”: un sujeto en el sujeto, transcendiendo al sujeto. La palabra es la gran fuerza del psicoanálisis.

- ¿Palabra de quién?; ¿del enfermo o del psicoanalista?
- En psicoanálisis, los términos enfermo, médico, medicina, no son exactos, no son utilizados. Mismo las fórmulas pasivas que son utilizadas habitualmente no son justas. Se dice “hacerse psicoanalizar”. Eso es falso. Quien hace el verdadero trabajo en análisis es el que habla, el sujeto analizando, mismo si lo hace sobre al modo sugerido por el analista que le indica como proceder y lo ayuda por las intervenciones. Las interpretaciones le son abundantes, parecen al principio dar sentido a lo que el analizando dice.
En realidad la interpretación es más sutil, tiende a borrar el sentido de las cosas por las cuales el sujeto sufre. El objetivo es mostrarle a través de su propio relato que su symptôme, digamos la enfermedad, no está en relación con nada, está desprovista de todo sentido. Mismo si en apariencia es real, no existe.
Las vías por las cuales esta acción de la palabra procede demandan una gran práctica y una paciencia infinita. La paciencia y la medida son los instrumentos del psicoanálisis. La técnica consiste en saber medir la ayuda que uno da al analizante; es por esto que el psicoanálisis es difícil.

- Cuando se habla de Jacques Lacan, se asocia inevitablemente ese nombre a una fórmula: “el retorno a Freud”; ¿qué significa esto?
- Exactamente lo que he dicho. El psicoanálisis es Freud. Si uno quiere hacer psicoanálisis, es necesario referirse a Freud, a sus términos, a sus definiciones, leídos e interpretados en su sentido literal. Yo he fundado en París una escuela freudiana justamente para eso.
De esto hace veinte años y más que yo vengo explicando mi punto de vista: el retorno a Freud significa simplemente despejar el campo de las desviaciones y de los equívocos, de las fenomenologías existenciales, por ejemplo el formalismo institucional de las sociedades psicoanalíticas, retomando la lectura de su enseñanza según los principios definidos y catalogados en su trabajo. Releer Freud quiere decir solamente releer Freud. Aquel que no haga esto en psicoanálisis utiliza formas abusivas.

- Pero Freud es difícil. Y Lacan se dice lo vuelve incomprensible. ¿Se reprocha a Lacan de hablar, sobre todo de escribir, de tal manera que solo algunos iniciados puedan esperar comprender?
- Yo lo sé. Tengo la reputación de ser un confuso que oculta su pensamiento en las nubes de humo. Me pregunto por qué. A propósito del análisis repito con Freud que es “el juego intersubjetivo a través del cual la verdad entra en lo real”. ¿Está claro? Pero el psicoanálisis no es algo simple.
Mis libros son famosos incomprensibles. ¿Pero por qué? Yo no los he escrito para todos, para que sean comprendidos por todos. Al contrario, yo no me he preocupado un instante de disfrutar con algunos lectores. Yo tenía cosas que decir y las he dicho. Me basta con tener un público que lee, si no comprende tanto peor. En cuanto al número de lectores, yo he tenido más suerte que Freud. Mis libros son tan leídos que me asombra.
Estoy convencido que dentro de diez años como máximo, quien me leerá me encontrará transparente como un bonita copa de cerveza.

- ¿Cuáles son las características del lacanismo?
- Es un poco pronto para decirlo porque el lacanismo todavía no existe. Se percibe apenas el olor, como un presentimiento.
Quien crea que sea, Lacan es un señor que practica desde hace cuarenta años el psicoanálisis y que lo estudia desde tanto tiempo. Creo en el estructuralismo y en la ciencia del lenguaje. Yo escribí en uno de mis libros que “a lo que nos conduce el descubrimiento de Freud es a la importancia del orden en el cual hemos entrado, en el cual estamos, si se puede decir, nacidos por segunda vez, saliendo del estado llamado justamente ‘infans’, sin palabra”.
El orden simbólico sobre el cual Freud ha fundado su descubrimiento está constituido por el lenguaje, como momento del discurso universal concreto. Es el mundo de las palabras quien creó el mundo de las cosas, inicialmente confusas en el todo devenir. Solo las palabras dan un sentido consumado a la esencia de las cosas. Sin las palabras nada existiría. ¿Qué sería del placer sin el intermediario de la palabra?
Mi idea es que Freud enunciando en sus primeras obras (La interpretación de los sueños, Más allá del principio del placer, Tótem y Tabú) las leyes del inconsciente, ha formulado, precursor de los tiempos, las teorías con las cuales Ferdinand de Saussure ha abierto el camino a la lingüística moderna.