miércoles, 10 de febrero de 2010

Cuba, una experiencia particular.


 «Con sus gorros de dormir y jirones de su bata
taponan los agujeros del edificio universal».
H. Heine

Desde los inicios de mi encuentro con el psicoanálisis, un artículo de Freud leído al pasar, me estaba esperando: En torno de una cosmovisión, reseñado en Strachey como conferencia 35 del año 1932. Es posible que tuviera algo que ver con ese anhelo siempre postergado, de visitar la isla, sobre todo antes de que cayera el régimen. Y no precisamente por el deseo de que cayera, sino por la certeza inevitable de que todo lo que sube cae, creo que eso lo corroboró Newton.
Hay una dificultad cuando alguien habla desde el psicoanálisis y es que las referencias a su creador son casi ineludibles, algo bastante criticado, lo que demuestra que tiene mucho de verdad. También lo que permite una explicación que, como todas, siempre es personal, y es que no  puedo dejar de reconocer la capacidad del personaje Freud para incursionar en tantos aspectos del discurrir humano y, esta forma ideológica, tampoco le fue ajena.  
Es así que en esta ocasión, como tantas veces, acudo a su decir, para orientarme en ideas y sensaciones que me dejó esta visita y apropiándome de sus razonamientos, ponerle algún orden a las inquietudes que se generan cuando se quiere descifrar ese lado humano oscuro del poder y de la sinrazón
Pasada esta introducción, no sé si apropiada, pues debería haber empezado por hablar de la belleza de sus paisajes, lo majestuoso de las bahías, del embrujo  de la música, del encanto de sus calles y callecitas llenas de imponente arquitectura, edificios grandiosos donde la historia se congela en medio de la ruina y el abandono. También la apostura de los hombres y la sensualidad de sus mujeres, y  de paso, la tristeza profunda en sus miradas que no alcanza a domeñar esa alegría Caribe que exalta sus palabras y sus formas de brindar afecto. Tampoco dejar de reseñar los edificios menos viejos, enormes edificaciones de cemento, según sus habitantes modelo ruso, donde los pequeños balcones enrejados acaban de configurar su apariencia de presidios.
Una isla con muchos hoteles cinco estrellas para que los turistas puedan disfrutar, lo que a sus propios habitantes no les está permitido. Como si a unos niños sus padres les prohibieran gozar de los lujos y manjares que tienen en su propia casa, porque son para las visitas que pagan para que ellos tengan salud y educación. Una salud y educación que, como en un círculo vicioso, termina al servicio de lo mismo, porque ese cuerpo sano y ese virtuosismo adquirido, está para ponerlo a favor de los visitantes, y a ellos sólo les quedan las dádivas que muchos, en una generosidad ignorante, y en otros, culposa, tienen a bien  darles. Un encuentro con una mendicidad extraña, porque aquel que pide no tiene la apariencia de mendigo, sólo una desolación donde se confunde el deseo por tener eso que el otro le puede dar, acompañada de una humillación disimulada en agradecimiento.
Y todo esto tiene que ver con ese artículo perdido en la memoria, porque ahí Freud se esmera en dejar claras sus ideas con relación a la religión como una cosmovisión, al igual que a la ideología que rige la isla, el marxismo. Fiel a su estilo, hace una digresión partiendo de sus supuestos, sin afán demoledor de teorías, sino argumentando con razonamientos, producto de lo individual y lo histórico. Inicia con una definición
Entiendo, pues, que una cosmovisión es una construcción intelectual que soluciona de manera unitaria todos los problemas de nuestra existencia a partir de una hipótesis suprema; dentro de ella, por tanto, ninguna cuestión permanece abierta y todo lo que recaba nuestro interés halla su lugar preciso. Es fácilmente comprensible que poseer una cosmovisión así se cuente entre los deseos ideales de los hombres. Creyendo en ella uno puede sentirse más seguro en la vida, saber lo que debe procurar, cómo debe colocar sus afectos y sus intereses de la manera más acorde al fin.
A partir de allí, se refiere en forma extensa a la religión, demostrando porqué para el psicoanálisis se considera una cosmovisión. Pasando por la ciencia y la filosofía, tópicos a los que también hace referencia, inicia el tema que interesa para este escrito con la siguiente advertencia:
Tengo el deber de considerar todavía otras cosmovisiones que se sitúan en oposición a la científica; pero lo haré a disgusto, pues sé que carezco de la requerida competencia para enjuiciarlas. Reciban, pues, las puntualizaciones que siguen bajo la reserva de esta confesión, y si ellas despiertan su interés, busquen mejor enseñanza en otro lugar.
Y prosigue:

En la teoría de Marx me han extrañado tesis como esta: que el desarrollo de las formas de sociedad es un proceso de historia natural, o que los cambios en la estratificación social surgen unos  de otros por la vía de un proceso dialéctico.
Luego de esta aseveración y en una forma que pudiéramos creer ingenua, dice que él esto lo había entendido de forma diversa:
En verdad, no estoy seguro de comprender rectamente tales aseveraciones[…] No sé cómo podría librarme de mi opinión de lego, habituada a reconducir la formación de clases dentro de la sociedad a las luchas sobrevenidas desde el comienzo de la historia entre las hordas humanas separadas por pequeñas diferencias. Yo creía que las diferencias sociales fueron en su origen diferencias de linaje o de raza. Factores psicológicos, como la escala del placer constitucional de agredir pero también la solidez de la organización dentro de la horda, y factores materiales, como la posesión de mejores armas, decidían el triunfo.
Una forma de ir planteando su razonamiento que para él es más materialista que lo llamado materialismo dialéctico:
En la convivencia dentro del mismo territorio, los vencedores se convertían en amos y los vencidos en esclavos. Ahí no se descubre nada de una ley natural ni de una mudanza [dialéctica] de los conceptos; en cambio, es inequívoco el influjo que el progresivo dominio sobre las fuerzas naturales ejerce en las relaciones sociales entre los hombres, pues estos ponen al servicio de su agresión y aplican en sus luchas los medios de poder recién adquiridos.
Es claro hasta aquí que Freud entiende que los cambios que se dan en una estructura social, obedecen a movimientos relacionados con la lucha entre pares, la relación imaginaria con el otro, lo constitucional del ser humano de dominar y someter, donde la posibilidad que tengan algunos de hacer uso de los elemento de la naturaleza, les dará una ventaja sobre aquellos que no tiene acceso a ellos. Y explica:
La introducción de los metales, del bronce, del hierro, puso término a épocas íntegras de cultura y a sus instituciones sociales. Creo que efectivamente la pólvora y las armas de fuego acabaron con el caballero feudal y el dominio de la nobleza, y que el despotismo ruso estaba condenado ya antes de perder la guerra, pues ningún cruzamiento de las familias dominantes en Europa habría podido engendrar una casta de zares capaz de resistir el poder deflagratorio de la dinamita.
Lo anterior nos lleva también a recordar las razones de los sucesos que llevaron a la modificación del sistema monárquico al del parlamento y a la revolución francesa y sus derechos del hombre. Es de anotar que fueron situaciones originadas por formas de producción que fueron desalojando a las anteriores, el poder de unos nobles, dueños del poder y de los bienes, en mucho deben su caída a una forma  diferente de relacionarse con lo que la naturaleza provee, que dio lugar a la burguesía. Más allá de que terminara para algunas regiones como Francia en una revolución, lo que de base estaba era una nueva forma de  transformación y elaboración de productos que llevaron a conformar una nueva  clase social, dando lugar a la industrialización. Unos cambios no obligados por un sistema sino un devenir histórico producto de contingencias y de creación. Freud en su anterior orden de ideas anota:
Y hasta quizá con la actual crisis económica, que siguió a la Guerra Mundial, no hacemos sino pagar el precio por el último, grandioso, triunfo sobre la naturaleza: la conquista del espacio aéreo. Esto no suena muy esclarecedor, pero al menos los primeros eslabones de la concatenación se disciernen con claridad. La política de Inglaterra se basaba en la seguridad garantizada por el mar que baña sus costas. En el momento en que Blériot sobrevoló el canal en aeroplano se quebró dicho aislamiento protector, y esa noche en que en tiempos de paz y con fines de ejercitación un Zeppelin alemán voló en círculo sobre Londres, la guerra contra Alemania fue asunto decidido. Tampoco puede olvidarse la amenaza del submarino.
Está planteando que los movimientos que los grupos sociales realizan, sus cambios y hegemonías están en relación a circunstancias más allá de sus decisiones, para él, más cerca de efectos contingentes, producto del dominio sobre la naturaleza. Descubrimientos que llevan al hombre a avanzar, y en este sentido, aquel que posee esa facilidad, ejercerá ese poder inherente a su propia naturaleza que es la de dominar. Es con este argumento que trata de sustentar su no acuerdo con las tesis de la primacía de los motivos económicos como causantes del malestar:
La fuerza del marxismo no reside evidentemente en su concepción de la historia ni en la previsión del futuro basada en aquella, sino en su penetrante demostración del influjo necesario que las relaciones económicas entre los hombres ejercen sobre sus posturas intelectuales, éticas y artísticas. Así se descubrieron una serie de nexos y de relaciones de dependencia que hasta entonces se habían ignorado casi por completo. Pero no puede admitirse que los motivos económicos sean los únicos que presiden la conducta de los hombres dentro de la sociedad. Ya el hecho indubitable de que diversas personas, razas, pueblos, se comporten de manera diferente bajo idénticas condiciones económicas excluye el imperio exclusivo de los factores económicos.
En este punto que Freud no acuerda, de que los motivos económicos sean los únicos que presiden la conducta de los hombres dentro de la sociedad, hace importante anotar algo en lo que se insiste y es la relación entre pobreza y violencia, donde la segunda es consecuencia de la primera. Un postulado difícil de sostener ya que muchos grupos con condiciones de pobreza extrema, no acusan actos violentos. En una investigación que, aunque incipiente, muestra unos resultados que están a la luz de cualquiera que visite el lugar, en nuestro país se puede observar un islote considerado como el más poblado del mundo por metro cuadrado. Santa Cruz del Islote, está ubicado en el Golfo de Morrosquillo y sus habitantes viven de tal forma que a alguien se le ocurrió decir que “duermen tan cerca que sueñan lo mismo”.  La segunda parte es una metáfora, la primera es literal, sin embargo, estando tan juntos y con tantas carencias, lo que menos se observa allí es violencia.
Siguiendo con el texto freudiano se encuentra que su autor no deja de reconocer la importancia de la obra de Marx, en la cual se evidencia una forma de relacionarse que no había sido reseñada y que evidentemente tiene efectos en la cultura, sin embargo va a señalar el peligro que entraña si estas relaciones de dependencia de lo económico se colocan como prioritarias en el devenir humano.
Con la recién adquirida intelección de la vasta significatividad de las relaciones económicas surgió la tentación de no dejar libradas sus variaciones al desarrollo histórico, sino imponerlas mediante una intervención revolucionaria. Ahora bien, en su realización en el bolchevismo ruso, el marxismo teórico cobró la energía, el absolutismo y el exclusivismo de una cosmovisión, pero, al mismo tiempo, un inquietante parecido con aquello que combatía. Siendo en su origen un fragmento de ciencia, edificado sobre la ciencia y la técnica para su realización, ha creado sin embargo una prohibición de pensar tan intransigente como lo fue en su época la decretada por la religión[ ...] Las obras de Marx han remplazado a la Biblia y al Corán como fuentes de una Revelación, aunque no pueden estar más exentas de contradicciones y oscuridades que aquellos viejos libros sagrados.
Después de dar un paseo por Cuba, no es necesario ser muy perspicaz para darse cuenta que lo que Freud denuncia en este escrito tiene mucho de realidad. También sería interesante pensarlo desde el planteamiento de Lacan de lo Simbólico, lo Imaginario y lo real. Tomando en cuenta esa definición de que el síntoma es una inmersión de lo simbólico en lo real, se podría entender la lógica que allí se mueve y que da cuenta de cómo los significantes en los que estamos inmersos sin saberlo, marcan un destino.
Al  leer los pocos avisos que se encuentran, -a diferencia del capitalismo donde pululan, inmerso en la sociedad de consumo, donde los llamados se hacen para promocionar los objetos que supuestamente están para satisfacer  “todos” los deseos- estos mensajes hablan de revolución, patriotismo y obediencia. A través de sus carreteras, peajes, andenes y lugares de comercio se leen las consignas del Che Guevara y las palabras del comandante Fidel. Una escuela es:”Bastión Agrícola de la Revolución”, otra, con una gran efigie militar reza en grandes proporciones: “Comandante en jefe, ordene”. En los lugares de mayor tránsito carteles recuerdan que “La dignidad no se vende”, “Unidad, firmeza y victoria”, “Este país no podrá ser sometido ni conquistado”, “50 años de revolución”, “Fieles a nuestra historia”, “Y llevaremos siempre la fe que nos inculcaste”, “Sólo una revolución del pueblo puede amar al pueblo”. “Los jóvenes no fallaremos jamás”.  Y “Juventud Rebelde” se llama el diario de los jóvenes cubanos.
Un llamado constante a permanecer en filas, que se sostiene en el discurso, que se relee a cada paso, que como una impronta insiste para que no sea olvidado. Frases lapidarias y absolutas en una repetición constante, como si en el fondo se temiera, o más bien se supiera, que es necesario mantenerlas pues de ellas, y no de la convicción interior de cada uno, se sostiene lo erigido. No es raro entonces en esta lógica, que el periódico Granma,  en primera página del viernes 23 de octubre del 2009, abra su edición en primera página con el discurso y las fotos de Fidel de “Aquel 26 de octubre de 1959”, como es titulado. Y es que en todo momento se siente que el tiempo no ha pasado, que como en una duplicación inmutable, se vive el mismo episodio.
Una anécdota de esta extraña sensación, se encuentra también en los establecimientos, entrar a una a una farmacia, fue como hacer parte de una película de Humphrey Bogart con sus tonos sepia. Allí, en un espacio reducido, los mostradores de antaño con sus vitrinas de vidrio y madera oscura guardaban los medicamentos actuales. Y un hombre alto, semejaba a Juvenal Urbina con su vestido negro, camisa blanca de las de almidonar y una corbata negra que, al igual que todo el atuendo brillaba raído, pero muy bien puesto, en su señorial pobreza.
Unos lugares y unas sensaciones que para quien va con el ánimo de conocer un mundo particular, lo encuentra. No es así para la mayoría de turistas que hoy tienen a la isla como su destino de placer. Hoteles con más de trescientas habitaciones con todos los lujos y el confort del capitalismo, recibe a manos llenas a sus visitantes, en su mayoría proveniente de Canadá y Europa, hasta el punto que sólo se oye hablar español a los empleados cubanos. También en esa lógica del tiempo perdido o más bien congelado, se podría pensar a Cuba como el paraíso de los fumadores, pues allá no ha llegado la prohibición que en otros países los proscribe. Se sorprende el visitante con la proliferación de ceniceros, en vías de extinción en nuestro medio, y la fruición del cigarrillo que, a una mente malintencionada, podría hacer pensar que no van tanto por sus playas, sino para poder fumar a sus anchas.  
Volviendo a Freud y su artículo, allí nos habla de las ilusiones:
Y si bien el marxismo práctico ha desarraigado implacablemente todos los sistemas e ilusiones idealistas, él mismo ha desarrollado ilusiones no menos cuestionables e indemostrables que las anteriores.
No deja de ser interesante que para los habitantes de la isla, las tradiciones religiosas también hayan sufrido cambios. Las fiestas navideñas que para otros países, aunque algunos de sus habitantes no sean creyentes, reciben el influjo de la celebración de fin de año, este no tiene cabida, y el primero de enero, cuando se festeja la llegada del año, es señalado este día como el de la Revolución.
De las ilusiones y su desarraigo y de las nuevas ilusiones también dice:
Espera alterar la naturaleza humana en el curso de unas pocas generaciones, de suerte de establecer una convivencia casi sin fricciones entre los seres humanos dentro de la nueva sociedad, y conseguir que ellos asuman las tareas del trabajo libres de toda compulsión. Entretanto, traslada a otros lugares las limitaciones pulsionales indispensables en la sociedad y guía hacia afuera las inclinaciones agresivas que amenazan a toda comunidad humana, se apoya en la hostilidad de los pobres hacia los ricos, de los desposeídos hasta hoy hacia los poderosos de ayer.
En este punto de gran importancia, habría mucho que decir, y también conlleva a un análisis teniendo en cuenta la realidad sin sesgos ni apasionamientos. Pero lo anterior no puede dejar de transmitir una especie de dolor por unas personas a las que en aras de un ideal se les hayan cercenado muchos otros. Duele ver cómo no cuentan con lo mínimo a lo que cualquiera puede aspirar, en una lógica donde si se tienen las necesidades básicas satisfechas se será feliz. La educación, la salud, la vivienda y los servicios son subvencionados por el estado. Pero la casa en que viven, que no tienen posibilidad de elegirla sino que les es asignada, tampoco tiene la eventualidad de ser cambiada, porque allí nada que sea comercio entre ellos está permitido. La alimentación también les es dada, pero están destinados a alimentos que no eligen y en cantidades tan mínimas, que es imposible que allí alguien sufra de sobrepeso.
Los servicios son racionados y, en el transporte, llama la atención cómo se han ideado la forma de subsistir a partir de salir a las carreteras o a las calles de la ciudad y esperar a partir de señales que algún carro tenga a bien recogerlos. Esto debido a que no hay suficiente transporte y si lo hay, es tan poco el dinero con que cuentan de los sueldos que el estado entrega, que no alcanza para subvencionar este servicio.
También duele saber que para las mujeres, lo que en su vanidad femenina anhelan, se convierte en tesoro, una crema para suavizar y perfumar su piel, un buen vestido y hasta el acceso a toallas higiénicas es un lujo, algo que saben los turistas enterados y las llevan de regalo a las empleadas de los hoteles que las reciben agradecidas. También no deja indiferente que los hombres se quejen de que han perdido hasta su posibilidad de atender a una mujer, pues lo que reciben de salario limita lo que manda su hombría.
Lo que sí es cierto es que se ha establecido una gran convivencia entre ellos, aunque algunos apartamentos con sus balcones totalmente enrejados denoten el robo, y la corrupción de los mandos medios gubernamentales se haga evidente, es de notar que en la mayoría de sus habitantes existe una gran confraternidad, un apoyo mutuo, una gran solidaridad. Como lo plantea Freud, las inclinaciones agresivas hacia afuera hacen su efecto, un  otro más allá de sus fronteras es culpabilizado en respuestas, para algunos, como la de que no pueden salir porque son los otros países los que no los quieren recibir. Y especialmente el bloqueo económico, que es innegable que ha tenido consecuencias, pero que se ha convertido en la única razón de sus problemas, una forma de matizar, para la mayoría, el reconocimiento de su situación y el gran malestar que se manifiesta inmediatamente en sus palabras sobre la forma cómo viven, una inconformidad bañada de miedo, también de desilusión innombrable, en su amor a la revolución.
Para terminar, volviendo a la frase con que Freud inicia el tema, advirtiendo acerca de sus puntualizaciones y de que si ello despierta algún interés busquen mejor enseñanza en otro lugar, considero que mi visita fue ese lugar donde buscar. Cincuenta años de un régimen dejan ver que en este punto, algo llevaba de razón.


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